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| Ahora |
«Solo ha sido un error que desearía nunca haber cometido».
Las palabras de Luke se reproducen
una y otra vez en mi cabeza, acribillando algunos de los buenos recuerdos que
aún conservo. Él pareció haber dicho todo aquello para acortar el proceso y
alejarme de una vez o solo para matarme lentamente, no lo sé. Solo estoy segura
de que me hizo colapsar.
Cierro los ojos tratando de que
las lágrimas se vayan, sin embargo, eso solo provoca que se escapen más.
Pronto, podré comparar mi llanto con un aguacero, sino me detengo.
Que pedazo de mierda. Porque odio
llorar, sentirme impotente y, aún más, abandonada. Porque ya pasé por esto y
fue suficiente para no volver a quererlo repetir. Porque la gente cree que
después de la primera caída nadie lo podrá hacer caer de nuevo y es mentira,
casi igual de grande como que existe Papá Noel o el amor.
Luego de la primera caída no hay
que abrirse nunca más, porque siempre llegará alguien a tu vida que te la
pintará de rosa y después de negro. O acaso, ¿no pensaste que si te la hicieron
una vez, pueden hacértela otra? La gente no se detiene, no hasta que les pasa a
ellos en carne propia. Pero yo no pienso que a Luke le harán lo que él me hizo.
Él, a diferencia de uno, es
especial, adictivo e imprescindible. La vida siempre le sonríe y la gente,
también. Así que, no habrá un efecto boomerang ni futuro del que preocuparse.
Sí, porque aunque me la ha hecho, aún me preocupo por él.
Mi teléfono suena, haciendo eco
en la habitación. Su voz se escucha luego de la de Mike y me hice sonreír ante
el significado de sus palabras, ¿es muy tarde para comenzar una vida nueva? Tal
parece que no, para él, pero para mí no hay opciones. No quiero una nueva vida,
si no lo incluyo. Ya viví mucho tiempo en una vida así y no quiero volver a
hacerlo.
Tomo un gran sorbo de mi Jack
Daniel’s antes de mirar la pantalla del aparato. Mis parpados escocen y mi
garganta se aprieta, provocando que me sea difícil respirar con normalidad. De
repente, me pregunto qué sucedería si me bebo la botella entera que tengo en mi
mano y la que tengo en el bolso.
Si me da un coma etílico espero
no despertar nunca jamás, porque así ya no sentiré. Ni tendré que pensar en
hacer una nueva vida. Sin él.

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