![]() |
| Antes |
Michael deambula alrededor del
sofá, tronando sus dedos o moviendo su cabeza en círculos. Sí, típicos síntomas
de que está a punto de darnos un espectáculo antes del verdadero show.
No me gusta usar redes sociales,
simplemente por los escándalos que salen—casi el todo el tiempo con información
falsa— y hacen que muchas veces te sientas mal. Sin embargo, tengo un Twitter
con más de un millón de seguidores que utilizo muy poco. Es para mantener las
apariencias y para mantener informadas a las chicas de la familia, aunque muy
pocas veces las ayudo realmente.
Sonrío maliciosa y dejo mi
cuaderno con bocetos a un lado. Me atrinchero en la red del pajarito y comento
que nos sentimos muy ansiosos porque pronto estaremos en Latinoamérica. Las latinas
son muy pasionales, así que, antes de llegar a contar hasta veinte, hay un
hashtag con todo tipo de comentarios. Me carcajeo fuertemente y digo: — ¿Cómo
están las cosas por ahí?
Michael levanta la mirada y sus
mejillas se tornan de un color rosa fuerte—Bueno, hay como unas cincuenta mil
personas —Dice mientras pasa una mano por su cabello, tratando de lucir
despreocupado.
Silbo, haciendo un gran
espectáculo—Guau. Eso es mucho, pero ustedes ya están acostumbrados —Miro la
pantalla de mi móvil y sonrío con suficiencia—. Me están diciendo que uno de
los estadios, en Latinoamérica, tiene una capacidad de ochenta mil.
— ¿Ochenta mil? —Pregunta, deteniéndose
abruptamente.
Asiento tranquilamente mientras
observo como su rostro cambia y saborea todos los colores en la escala
cromática del rojo. Es todo un poema. Así que, vuelvo a reír traviesa de mis
fechorías.
—Tranquilízate, Mike —Ordena
Ashton, alcanzándolo con un bote de basura, cuando comienza a hacer arcadas—.
Deberías dejar de sacar la mierda en él, Faith.
— ¿Para qué lo haga con el
público cercano?
No me contesta, solo frota una y
otra vez la espalda de Michael hasta que saca todo. Como acostumbra hacer antes
de cada show. Todo parece indicar que es mi culpa o eso me ha repetido los
últimos tres años, pero yo creo que le hago un favor. Es decir, si no lo hace
ahora, lo hará en el escenario. Además, él parece no notarlo, pero Michael es
muy tímido y cerrado. Sé que nunca diría que está teniendo un problema, pero
sus expresiones corporales o gestos, lo delatan.
Por eso ayudo del mejor modo
posible a que sus miedos o nervios desaparezcan. Siendo honesta y mandándolo al
frente. Así, he ayudado a muchas personas.
Calum, por ejemplo. Él se estaba
convirtiendo en una bestia, haciéndose adicto a las noches de diversión y
muchas hormonas revolucionadas, el último año. En parte, fue mi culpa; le
administraba los números de cientos de chicas que conocí alrededor de todo el
mundo y eran confiables, pero luego lo dejé y traté de alejarlo del ajetreo.
Nada funcionó. Hasta que en el último show, decidí ponerle un punto final a la
situación, nos sentamos en su camerino y hablamos hasta sacar toda la mierda.
Él tenía un problema serio que
podía costarle su vida y eso me hacía miserable. Solo quise adminístrale
diversión, pero lo arruiné. Lo perdí. Y cuando al fin pude encontrar una
solución, lo arreglé. Aún lo estoy haciendo. Él admitió que no tiene un control
y que necesita ayuda, por eso ha estado asistiendo a secciones con una
psicóloga o ha hablado a diario por teléfono conmigo, contándome cómo se siente
y que está pasando por su cabeza a cada momento.
Para mi tranquilidad, Calum ya no
sale a clubes o se va de cada evento con una chica. Tampoco me ha pedido el
número de ninguna de mis “amigas” y se ha mantenido alejado de cualquiera que
pudiera hacerle un guiño. Incluso, se ha mantenido lejos de mí. Creo que tiene
miedo de volver a perderse, pero confío en él y simplemente tengo la certeza de
que se ha superado.
Ya no es el mismo.
Y soy una perra. Vamos a decir la
verdad, todas las cosas malas que les suceden, a ellos o a quienes quiero, se
deben a que yo las provoco. Además, soy la única que intenta encontrar una
solución. No es justo, pero Jeremy dice que me lo tengo bien ganado por ser tan
salada.
Eso también es cierto. Aún puedo
recordar con claridad las palabras y la mirada que me dio el día que mi madre
nos dejó por alguien más. Era una niña, aunque intenté de todo, ella no se
quedó y no me llevó. Sólo me dijo que algún día la comprendería, pero lo único
que pude hacer en ese momento fue llorar y, más tarde, odiarla. Porque mi padre
me odió y me culpó a mí, aún cuando semanas antes le había advertido que un
hombre la estuvo viendo.
Recuerdo estar aferrada a la
señora Lesli, la primera muñeca que me obsequiaron, sobre el camastro que había
en mi habitación, tratando de detener las lágrimas. Estaba tan asustada por
todo lo sucedido y también porque estaba sola, mamá se había encargado de
darles el día libre a todos los empleados de la casa y la hora no se pasaba nunca.
Para cuando Jeremy llegó de su oficina, el sol se había marchado hacía mucho y
aún estaba en la misma posición.
Una parte de mí, la verdadera
Faith, parecía haberse ido con mamá. Así que, cuando Jeremy entró ni siquiera
lo miré. Sólo seguí con la mirada nublada por las lágrimas, tratando de que mi
preciada muñeca me devolviera el abrazo, pero cuando él se sentó frente a mí no
tuve escapatoria. Sus ojos azules me acribillaron el alma, obligándome a que
volviera y que le prestara atención.
Si había perdido una parte de mí,
él la había perdido completamente. Estaba segura. No tenía la misma aura que en
la mañana y parecía acabado, propiamente dicho, muerto. Y yo, yo parecía ser el
ser que más odiaba en ese momento. Su mano se estiró y acarició mi mejilla, secando
algunas lágrimas. Luego dijo: —Son tan parecidas. Casi la misma persona.
Negué con la cabeza, tratando de
que alejara su mano—No.
—Sí —Dijo, tomando mi mentón
entre su mano y apretando duramente. De repente, me pareció que él ya no me
estaba viendo, sino a ella—. No solo en los rasgos faciales, sino también en lo
que llevan dentro. Ambas pueden destruir todo lo que tocan, porque el oro no
fue hecho para ustedes.
—Papá —Sollocé, tratando de
deshacerme de su agarre.
—Destruiste su vida cuando
naciste, le quitaste toda su juventud y vivacidad —Me zamarreó, haciendo que la
señora Lesli callera al piso—. ¡Ahora,
destruiste la mía! ¡No fuiste capaz de decirme nada de lo que estaba
sucediendo!
— ¡Me haces daño, papi! —Grité,
desesperada— ¡Por favor, ya no me lastimes!
Eso fue todo. Su pequeño número
terminó, pero la escena nunca se borró de mi memoria. Porque él cambió y yo
también lo hice. Todo lo que hice o dije desde los cinco años estuvo mal.
Todavía lo sigue estando, pero no es algo ya que me quite el sueño. Son solo
pequeñas pesadillas.
Calum tira de mi cabello,
devolviéndome al presente, y me mira expectante. Supongo que mi aspecto debe
ser deplorable, ya que recordar me cae
igual a una patada en el estómago, y eso debe preocuparle. Así que, rápidamente
sonrío, provocando que suspire.
— ¿Va todo bien? —Pregunta,
tomando mi cuaderno, para comenzar a husmear.
Lo miro por el rabillo del ojo,
tratando de encontrar una razón por la cual cambiar de tema. El hecho de verme
insegura y vulnerable, solo hace que mi miedo crezca. He tenido esta coraza por
tanto tiempo, ayudándome a sobrevivir, y no necesito una grieta en estos
tiempos cuando las cosas parecen estar a punto de explotar. Lo sé, lo
presiento. Y no sé, si es esta saladura o un sexto sentido, pero estoy
completamente segura de que pronto nada será igual y la necesitaré más que
nunca antes.
Paso una mano por mi cabello,
dándome por vencida—Seguro, solo vi algo en Twitter que no me agradó mucho
—Digo, guardando mi móvil.
Deja de moverse abruptamente y me
mira— ¿Qué cosa?
—Nada, lo mismo de siempre —Hago
un gesto desdeñoso con mis manos y le arrebato el cuaderno—. Se supone que
nadie tiene que ver esto.
Él se carcajea fuertemente y
aprieta una de mis mejillas, justo como lo haría mi abuela en mi cumpleaños—Nunca voy a entender por qué lo ocultas.
—Es como un diario íntimo, no me gusta que husmeen en mis cosas.
Pasa una mano por su cabello desordenándolo mientras mira hacia donde se
encuentra Michael, tomando una botella de agua—Entonces, nosotros acaparamos
todos tus pensamientos —Dice, sonriéndome.
—Todo el tiempo —Digo, rodando los ojos—, pero no empieces a contarlo
por ahí…O les diré a tus chicas cuanto mide tu amiguito —Agrego en tono
amenazador.
Ambos nos carcajeamos fuertemente, sin tomarle importancia a la mirada
que nos están dando los demás. Momentos como estos son los que gravo en mi
cuaderno, la pequeña imagen formada no deja mis pensamientos hasta que la
retrato, por eso es un diario. Cada memoria que aprecio está allí y todas son
de ellos, el centro de mi universo.
***
Muchas veces lees las revistas para teens o artículos sobre tus ídolos y
comparas tu vida con la de ellos, pensando que te estás perdiendo de la
verdadera vida, pero no te estás perdiendo nada. Esta vida es complicada y lo
digo, aún, cuando soy una simple sombra.
Estoy perdida, tratando de encontrar una salida antes de entrar en
pánico. Los flashes de las cámaras me ciegan, aún cuando llevo mis Ray-bans puestos, y hacen
que quiera voltear para volver adentro de la camioneta. Sin embargo, Luke toma
mi mano y me obliga a caminar ocultándome detrás de él rápidamente. Como
siempre, está siendo muy considerado conmigo.
De pronto, sufro una especie de sofocamiento al estar aspirando su
agradable efluvio o sintiendo los poderosos músculos de su torso junto a mí. Mi
cuerpo se enciende y mi mano libre lucha por quedarse en su lugar. El hecho de
que una multitud nos observa, expectante, hace que permanezca impasible
mientras nos adentramos a uno de los clubs más exclusivos de Auckland.
Una vez que logramos pasar la entrada, la música y el humo que despiden
todos los juegos de luces, nos reciben como es habitual. La gente se hace a un
lado mientras nos encaminamos a la sección VIP, pero aunque la música sobrepasa
los decibeles estipulados y todo el mundo pretende no reconocernos, todavía
puedo ver como se murmuran cosas entre sí mientras nos miran. Ya sé lo que
todos están diciendo, pero no me importa.
La mano de Luke abandona la mía y hace su camino hasta mi cintura, de un
momento a otro, estoy envuelta en un abrazo que me hace perder. Su fornido cuerpo
se presiona contra el mío, provocando que suelte un gemido que se pierde entre
el ajetreo mientras casi me vuelvo loca de lo bien que se siente estar así, de
esa manera que sólo me permito con él. Dejo caer mi cabeza contra su pecho y
tomo respiraciones profundas, tratando de mantener la compostura.
Su aliento choca contra mi oído, provocando que me estremezca, cuando se
inclina para decir: —Vamos, Faith —Coloca uno de los rebeldes mechones de pelo detrás
de mi oreja—. Aún nos quedan un par de horas para
volver al hotel.
— ¡No seas tan malditamente egocéntrico! —Me carcajeo mientras lo empujo
amistosamente.
—Disculpa, es en lo único que puedo pensar cuando te veo poner de esta
manera —Dice, levantando las manos, inocente.
—Deja de hacer todos estos juegos y ya no veras así —Me siento junto a
Calum, quien nos observa en silencio y sonríe abiertamente.
La risa de Ashton suena por encima de la música—Eso ni tú te lo crees
—Me levanta las cejas de forma significativa.
—Tú eres toda gelatina cuando estás a su alrededor, Faith —Agrega
Michael, llevándose un vaso de no sé qué a la boca—. Por no hablar de que te desapareces
por tres meses, para no quedarte en sus pantalones durante todas las vacaciones,
sólo porque te da miedo Liz.
—No me da miedo Liz —Digo, frunciendo el ceño—. Sólo hago lo que debo
cuando estamos fuera de la carretera, recuerden que tengo una vida además de
esta —Agrego, un poco, incómoda por estar mencionando temas casi tabúes.
La mano de Calum se apoya en mi muslo desnudo y le da un apretón,
reconfortante. Lo miro de soslayo y puedo notar que aún sigue sonriendo, sólo
que es con menos intensidad que cuando llegamos. En cierta parte, presiento que
él está compartiendo algo conmigo que los demás no. Así que, le sonrío.
—Creo que Luke no podría aguantar ni un día sin su ego por las nubes,
así que, mi voto de confianza va para Faith —Dice, de repente, Calum mientras
levanta su vaso en señal de aprobación.
Luke se ríe, tomándome entre sus brazos, para obligarme a sentarme en su
regazo—Claro que sí.
Entonces, me besa castamente mientras un flash se dispara en nuestra
dirección, captando uno de nuestros momentos. Arruinando todo como siempre.




