lunes, 23 de junio de 2014

Fantasmas del pasado

Antes

Michael deambula alrededor del sofá, tronando sus dedos o moviendo su cabeza en círculos. Sí, típicos síntomas de que está a punto de darnos un espectáculo antes del verdadero show.

No me gusta usar redes sociales, simplemente por los escándalos que salen—casi el todo el tiempo con información falsa— y hacen que muchas veces te sientas mal. Sin embargo, tengo un Twitter con más de un millón de seguidores que utilizo muy poco. Es para mantener las apariencias y para mantener informadas a las chicas de la familia, aunque muy pocas veces las ayudo realmente.

Sonrío maliciosa y dejo mi cuaderno con bocetos a un lado. Me atrinchero en la red del pajarito y comento que nos sentimos muy ansiosos porque pronto estaremos en Latinoamérica. Las latinas son muy pasionales, así que, antes de llegar a contar hasta veinte, hay un hashtag con todo tipo de comentarios. Me carcajeo fuertemente y digo: — ¿Cómo están las cosas por ahí?

Michael levanta la mirada y sus mejillas se tornan de un color rosa fuerte—Bueno, hay como unas cincuenta mil personas —Dice mientras pasa una mano por su cabello, tratando de lucir despreocupado.
Silbo, haciendo un gran espectáculo—Guau. Eso es mucho, pero ustedes ya están acostumbrados —Miro la pantalla de mi móvil y sonrío con suficiencia—. Me están diciendo que uno de los estadios, en Latinoamérica, tiene una capacidad de ochenta mil.

 — ¿Ochenta mil? —Pregunta, deteniéndose abruptamente.

Asiento tranquilamente mientras observo como su rostro cambia y saborea todos los colores en la escala cromática del rojo. Es todo un poema. Así que, vuelvo a reír traviesa de mis fechorías.

—Tranquilízate, Mike —Ordena Ashton, alcanzándolo con un bote de basura, cuando comienza a hacer arcadas—. Deberías dejar de sacar la mierda en él, Faith.

— ¿Para qué lo haga con el público cercano?

No me contesta, solo frota una y otra vez la espalda de Michael hasta que saca todo. Como acostumbra hacer antes de cada show. Todo parece indicar que es mi culpa o eso me ha repetido los últimos tres años, pero yo creo que le hago un favor. Es decir, si no lo hace ahora, lo hará en el escenario. Además, él parece no notarlo, pero Michael es muy tímido y cerrado. Sé que nunca diría que está teniendo un problema, pero sus expresiones corporales o gestos, lo delatan.

Por eso ayudo del mejor modo posible a que sus miedos o nervios desaparezcan. Siendo honesta y mandándolo al frente. Así, he ayudado a muchas personas.

Calum, por ejemplo. Él se estaba convirtiendo en una bestia, haciéndose adicto a las noches de diversión y muchas hormonas revolucionadas, el último año. En parte, fue mi culpa; le administraba los números de cientos de chicas que conocí alrededor de todo el mundo y eran confiables, pero luego lo dejé y traté de alejarlo del ajetreo. Nada funcionó. Hasta que en el último show, decidí ponerle un punto final a la situación, nos sentamos en su camerino y hablamos hasta sacar toda la mierda.

Él tenía un problema serio que podía costarle su vida y eso me hacía miserable. Solo quise adminístrale diversión, pero lo arruiné. Lo perdí. Y cuando al fin pude encontrar una solución, lo arreglé. Aún lo estoy haciendo. Él admitió que no tiene un control y que necesita ayuda, por eso ha estado asistiendo a secciones con una psicóloga o ha hablado a diario por teléfono conmigo, contándome cómo se siente y que está pasando por su cabeza a cada momento.

Para mi tranquilidad, Calum ya no sale a clubes o se va de cada evento con una chica. Tampoco me ha pedido el número de ninguna de mis “amigas” y se ha mantenido alejado de cualquiera que pudiera hacerle un guiño. Incluso, se ha mantenido lejos de mí. Creo que tiene miedo de volver a perderse, pero confío en él y simplemente tengo la certeza de que se ha superado.

Ya no es el mismo.

Y soy una perra. Vamos a decir la verdad, todas las cosas malas que les suceden, a ellos o a quienes quiero, se deben a que yo las provoco. Además, soy la única que intenta encontrar una solución. No es justo, pero Jeremy dice que me lo tengo bien ganado por ser tan salada.

Eso también es cierto. Aún puedo recordar con claridad las palabras y la mirada que me dio el día que mi madre nos dejó por alguien más. Era una niña, aunque intenté de todo, ella no se quedó y no me llevó. Sólo me dijo que algún día la comprendería, pero lo único que pude hacer en ese momento fue llorar y, más tarde, odiarla. Porque mi padre me odió y me culpó a mí, aún cuando semanas antes le había advertido que un hombre la estuvo viendo.

Recuerdo estar aferrada a la señora Lesli, la primera muñeca que me obsequiaron, sobre el camastro que había en mi habitación, tratando de detener las lágrimas. Estaba tan asustada por todo lo sucedido y también porque estaba sola, mamá se había encargado de darles el día libre a todos los empleados de la casa y la hora no se pasaba nunca. Para cuando Jeremy llegó de su oficina, el sol se había marchado hacía mucho y aún estaba en la misma posición.

Una parte de mí, la verdadera Faith, parecía haberse ido con mamá. Así que, cuando Jeremy entró ni siquiera lo miré. Sólo seguí con la mirada nublada por las lágrimas, tratando de que mi preciada muñeca me devolviera el abrazo, pero cuando él se sentó frente a mí no tuve escapatoria. Sus ojos azules me acribillaron el alma, obligándome a que volviera y que le prestara atención.

Si había perdido una parte de mí, él la había perdido completamente. Estaba segura. No tenía la misma aura que en la mañana y parecía acabado, propiamente dicho, muerto. Y yo, yo parecía ser el ser que más odiaba en ese momento. Su mano se estiró y acarició mi mejilla, secando algunas lágrimas. Luego dijo: —Son tan parecidas. Casi la misma persona.

Negué con la cabeza, tratando de que alejara su mano—No.

—Sí —Dijo, tomando mi mentón entre su mano y apretando duramente. De repente, me pareció que él ya no me estaba viendo, sino a ella—. No solo en los rasgos faciales, sino también en lo que llevan dentro. Ambas pueden destruir todo lo que tocan, porque el oro no fue hecho para ustedes.

—Papá —Sollocé, tratando de deshacerme de su agarre.

—Destruiste su vida cuando naciste, le quitaste toda su juventud y vivacidad —Me zamarreó, haciendo que la señora Lesli callera al piso—.  ¡Ahora, destruiste la mía! ¡No fuiste capaz de decirme nada de lo que estaba sucediendo!

— ¡Me haces daño, papi! —Grité, desesperada— ¡Por favor, ya no me lastimes!

Eso fue todo. Su pequeño número terminó, pero la escena nunca se borró de mi memoria. Porque él cambió y yo también lo hice. Todo lo que hice o dije desde los cinco años estuvo mal. Todavía lo sigue estando, pero no es algo ya que me quite el sueño. Son solo pequeñas pesadillas.

Calum tira de mi cabello, devolviéndome al presente, y me mira expectante. Supongo que mi aspecto debe ser deplorable, ya  que recordar me cae igual a una patada en el estómago, y eso debe preocuparle. Así que, rápidamente sonrío, provocando que suspire.

— ¿Va todo bien? —Pregunta, tomando mi cuaderno, para comenzar a husmear.

Lo miro por el rabillo del ojo, tratando de encontrar una razón por la cual cambiar de tema. El hecho de verme insegura y vulnerable, solo hace que mi miedo crezca. He tenido esta coraza por tanto tiempo, ayudándome a sobrevivir, y no necesito una grieta en estos tiempos cuando las cosas parecen estar a punto de explotar. Lo sé, lo presiento. Y no sé, si es esta saladura o un sexto sentido, pero estoy completamente segura de que pronto nada será igual y la necesitaré más que nunca antes.

Paso una mano por mi cabello, dándome por vencida—Seguro, solo vi algo en Twitter que no me agradó mucho —Digo, guardando mi móvil.

Deja de moverse abruptamente y me mira— ¿Qué cosa?

—Nada, lo mismo de siempre —Hago un gesto desdeñoso con mis manos y le arrebato el cuaderno—. Se supone que nadie tiene que ver esto.

Él se carcajea fuertemente y aprieta una de mis mejillas, justo como lo haría mi abuela en mi cumpleañosNunca voy a entender por qué lo ocultas.

—Es como un diario íntimo, no me gusta que husmeen en mis cosas.

Pasa una mano por su cabello desordenándolo mientras mira hacia donde se encuentra Michael, tomando una botella de agua—Entonces, nosotros acaparamos todos tus pensamientos —Dice, sonriéndome.

—Todo el tiempo —Digo, rodando los ojos—, pero no empieces a contarlo por ahí…O les diré a tus chicas cuanto mide tu amiguito —Agrego en tono amenazador.

Ambos nos carcajeamos fuertemente, sin tomarle importancia a la mirada que nos están dando los demás. Momentos como estos son los que gravo en mi cuaderno, la pequeña imagen formada no deja mis pensamientos hasta que la retrato, por eso es un diario. Cada memoria que aprecio está allí y todas son de ellos, el centro de mi universo.

***

Muchas veces lees las revistas para teens o artículos sobre tus ídolos y comparas tu vida con la de ellos, pensando que te estás perdiendo de la verdadera vida, pero no te estás perdiendo nada. Esta vida es complicada y lo digo, aún, cuando soy una simple sombra.

Estoy perdida, tratando de encontrar una salida antes de entrar en pánico. Los flashes de las cámaras me ciegan, aún cuando llevo mis Ray-bans puestos, y hacen que quiera voltear para volver adentro de la camioneta. Sin embargo, Luke toma mi mano y me obliga a caminar ocultándome detrás de él rápidamente. Como siempre, está siendo muy considerado conmigo.

De pronto, sufro una especie de sofocamiento al estar aspirando su agradable efluvio o sintiendo los poderosos músculos de su torso junto a mí. Mi cuerpo se enciende y mi mano libre lucha por quedarse en su lugar. El hecho de que una multitud nos observa, expectante, hace que permanezca impasible mientras nos adentramos a uno de los clubs más exclusivos de Auckland.

Una vez que logramos pasar la entrada, la música y el humo que despiden todos los juegos de luces, nos reciben como es habitual. La gente se hace a un lado mientras nos encaminamos a la sección VIP, pero aunque la música sobrepasa los decibeles estipulados y todo el mundo pretende no reconocernos, todavía puedo ver como se murmuran cosas entre sí mientras nos miran. Ya sé lo que todos están diciendo, pero no me importa.

La mano de Luke abandona la mía y hace su camino hasta mi cintura, de un momento a otro, estoy envuelta en un abrazo que me hace perder. Su fornido cuerpo se presiona contra el mío, provocando que suelte un gemido que se pierde entre el ajetreo mientras casi me vuelvo loca de lo bien que se siente estar así, de esa manera que sólo me permito con él. Dejo caer mi cabeza contra su pecho y tomo respiraciones profundas, tratando de mantener la compostura.

Su aliento choca contra mi oído, provocando que me estremezca, cuando se inclina para decir: —Vamos, Faith —Coloca uno de los rebeldes mechones de pelo detrás de mi oreja—. Aún nos quedan un par de horas para volver al hotel.

— ¡No seas tan malditamente egocéntrico! —Me carcajeo mientras lo empujo amistosamente.

—Disculpa, es en lo único que puedo pensar cuando te veo poner de esta manera —Dice, levantando las manos, inocente.

—Deja de hacer todos estos juegos y ya no veras así —Me siento junto a Calum, quien nos observa en silencio y sonríe abiertamente.

La risa de Ashton suena por encima de la música—Eso ni tú te lo crees —Me levanta las cejas de forma significativa.

—Tú eres toda gelatina cuando estás a su alrededor, Faith —Agrega Michael, llevándose un vaso de no sé qué a la boca—. Por no hablar de que te desapareces por tres meses, para no quedarte en sus pantalones durante todas las vacaciones, sólo porque te da miedo Liz.

—No me da miedo Liz —Digo, frunciendo el ceño—. Sólo hago lo que debo cuando estamos fuera de la carretera, recuerden que tengo una vida además de esta —Agrego, un poco, incómoda por estar mencionando temas casi tabúes.

La mano de Calum se apoya en mi muslo desnudo y le da un apretón, reconfortante. Lo miro de soslayo y puedo notar que aún sigue sonriendo, sólo que es con menos intensidad que cuando llegamos. En cierta parte, presiento que él está compartiendo algo conmigo que los demás no. Así que, le sonrío.

—Creo que Luke no podría aguantar ni un día sin su ego por las nubes, así que, mi voto de confianza va para Faith —Dice, de repente, Calum mientras levanta su vaso en señal de aprobación.

Luke se ríe, tomándome entre sus brazos, para obligarme a sentarme en su regazo—Claro que sí.


Entonces, me besa castamente mientras un flash se dispara en nuestra dirección, captando uno de nuestros momentos. Arruinando todo como siempre.

domingo, 27 de abril de 2014

La fuerza de la necesidad

Antes
Mi teléfono comienza a sonar, provocando que levante la cabeza y repase con la mirada toda la habitación, tratando de adivinar donde se encuentra.

Sin embargo, cuando deja de sonar, vuelvo a recostarme y volteo en la cama tratando de encontrar la posición adecuada. He dormido toda la tarde, o eso creo, y me está pasando factura en la zona de las costillas. No sé qué hora es, pero la habitación está a oscura.

Supongo que los chicos están a la mitad de concierto, por lo que no tiene caso que me levante e intente unírmeles. Aún así, estoy cansada y cansado de estar acostada. Dormir o levantarme no me convence, pero me decido por la última. No he comido nada en casi todo el día y necesitaré fuerzas para el final del día.

Así que, convencida de que tengo que levantarme para alimentarme, lo hago. Busco algo de ropa y me adentro al baño. Jadeo al ver mi reflejo en el gran espejo, espantada por los suaves rizos en mi cabello, y maldigo a Calum y a todo el mundo.

Olvidé secarme el cabello. Esto es malo, porque no pienso volver a bañarme de momento, no quiero ponerme a buscar mi plancha y mucho menos quiero verme como lo hacía mi mamá. No. Tomo el cepillo y empiezo a peinarme con todas mis fuerzas, tratando de que los rizos se vayan, pero es imposible.

Frunzo los labios, reprimiendo las ganas de llorar, e intento convencerme de que lo mejor es volver a ducharme. Aunque me tome más tiempo escapar de la habitación. No obstante, mi teléfono comienza a sonar en ese preciso momento, provocando que estampara el cepillo contra el mármol bruscamente y tome el aparato desde el otro extremo. Donde aparentemente siempre ha estado.

— ¿Qué? —Gruño sin poder evitarlo. 
                                    
Una fría risa provoca que quiera tirarme los pelos, la reconozco al instante igual que a su voz— ¿Problemas en el paraíso?

— ¿Qué quieres? No recuerdo darte mi número, Jeremy —Digo, poniéndolo en altavoz, para comenzar a vestirme.

Escucho un suspiro de su parte que seguramente está siendo acompañado de mano tirando de su cabello. Ja. Los mismos hábitos—Tendrías que considerar no darle tu número a tu tía, cariño.

Ruedo los ojos mientras lucho con la cremallera de mis jeans— ¿Qué quieres? —Repito, apretando los dientes.

—Mira, estuve en tu habitación el otro día, encargándome de administrar la basura que se tiraba y vi…
Lo interrumpo abruptamente— ¿Estuviste en mi cuarto?

Él vuelve a reír—Sí y vi tus bocetos —Cierro los ojos, sintiéndome mareada de repente—. Son casi tan lindos como lo era tu madre, pero no deberías malgastar tu tiempo en memorarla.

—No estaba pensando en ella, solo vi una foto y me gustó —Digo tajante, tratando de no suspirar.

—En fin, no merece la pena —Dice.

Ambos nos quedamos en silencio por lo que me parece una eternidad y creo que comparto los pensamientos que está teniendo, pero si ella no vale la pena, él tampoco lo hace. Levanto la mirada y observo mi reflejo, si me viera en estos momentos seguramente me daría su mejor mirada. «La mirada».

Un escalofrío me recorre por el cuerpo y me odio por ser tan débil— ¿Qué quieres? —Mascullo.

—Quiero que vuelvas y vayas a la universidad —Dice, haciéndome rodar los ojos—. Margot dice que serías una artista reconocida si lo desearías y estoy de acuerdo.

En algún momento del pasado me hubiera muerto por escuchar esas palabras, sin embargo, ahora solo puedo sentir una sensación de sofocamiento. No quiero ir a la universidad ni ser la chica correcta o ningún clon de las hijas de sus socios. Así que, irguiéndome ante mi propio reflejo, digo: —Olvídalo, no lo haré.

— ¡Por amor de Dios!—Grita, sorprendiéndome— ¿Cuándo entenderás que ya no eres una niña? ¿Cuándo entenderás que no importa la juventud sino el futuro, tu futuro?

Me lleva tomar varias respiraciones el contestarle, pero cuando lo hago sé que es para ponerle un punto final a la situación— ¿Sí? Y a ti, ¿qué resultados te dio tu consejo? Mamá te dejó, yo te dejé. Ahora solo tienes que dejarnos ir, papá.

***

Me encuentro caminando a unas pocas cuadras del hotel, tratando de tomar aire y de alejarme de cualquier adolescente.

Me fue imposible salir por la puerta de adelante, pero afortunadamente pude salir por una puerta trasera sin ser vista. El hecho de que estamos casi en otoño facilita que pueda transportarme por las calles; con una sudadera grande, la capucha y un par de Ray-bans, pero sin cientos de niñas molestas. Y digo ‘molestas’, porque quienes me siguen siempre lo hacen para recriminarme.

No estoy para enfrentamientos y no tengo a nadie para defenderme, porque todos aún están en la arena. Así que, tengo que mirar dos veces antes de cruzar la calle.

Las farolas alumbran mi camino y suena algo peligroso caminar sola en medio de un lugar que no me sé de memoria, pero no hace que me amilane. La discusión con Jeremy me hizo enfurecer y el hecho de recordarme a mi madre, también. Estoy dispuesta a patearle el trasero a cualquiera que se atreva a hacerme algo.

A lo lejos veo el cartel de una pizzería y de pronto mi estómago gruñe, recordándome que aún no he comido nada. Apresuro el paso, deseando llegar lo antes posible, para saborear una grande de mozarela y tomar algo de cerveza.

Síp, nadie que esté relacionado con Hollywood se animaría a hacer tal cosa, pero no me considero parte de todo el escándalo. Así que, no sigo las reglas y mucho menos me prohíbo de consumir las cosas que me gustan.

Al entrar al local la anfitriona se acerca y me lleva hacia la mesa más alejada de las demás, como se lo pedí. Es que comer con los lentes sería maleducado y hay algunas cosas a las que aún estoy arraigada, también porque es de noche y es raro llevar el disfraz en un lugar que parece inofensivo.

Todo es muy acogedor y hasta en el momento en que me traen la orden, las cosas parecen ir bien. Excepto cuando dirijo mi mirada a una de las mesas más alejadas; un grupo de chicas riendo y charlando de cosas que no entiendo, pero que me hacen sentir repentinamente sola. Muy sola.

Tomo un sorbo de cerveza y dejo que el amargo líquido haga su recorrido mientras cierro los ojos deleitándome. Se me escapa un suspiro de satisfacción. El enfado parece querer marcharse y enterrarse en alguna parte de mí, donde no lo pueda alcanzar, no hasta que sea realmente necesario.

***

El taxi se detiene a media cuadra del hotel. Mientras le pago al pobre hombre veo que no hay nadie en la entrada y me alegro.

Está despejado, por fin, excepto por un paparazi cerca de la entrada. Apresuro el paso mientras me coloco los lentes y me niego a mirarlo o a darle importancia, en especial cuando el flash de su cámara sale disparado, haciéndome varias fotos.

Para el momento en que estoy en el ascensor, el corazón parece querer escaparse de mi caja torácica. Aprieto el botón de mi piso y me apoyo contra el frío metal, tratando de calmarme. Mi situación con la prensa no es muy favorecedora y hasta el último tiempo he logrado no tener a nadie encima, pero ahora tengo la sensación de que esto es mucho peor. Como si el desastre se estuviera por desatar.

El pasillo me parece interminable, sin embargo, hasta que siento una puerta abrirse a mis espaldas. Los latidos de mi corazón se disparan cuando veo a Luke y a Calum asomarse al umbral, no hago más que dedicarles una débil sonrisa y seguir con mi camino. Ellos no saben nada de mí, y cuánto menos lo hagan, mejor.

A penas, logro tomar el pomo de la puerta de mi suite antes de verme atrapada entre sus brazos. Su mentón descansa en mi hombro y su respiración me hace cosquilla en el cuello. No me doy cuenta hasta que lo menciona, pero estoy temblando y el hecho de que no lo niegue lo hace reír suavemente.

Lo miro por encima del hombro y tomo una respiración profunda. Estoy siendo seducida por un niño, otra vez, y no parece importarme en absoluto. Lo único que deseo—con todas mis fuerzas—es que me bese y acalle con todos los pensamientos que me dicen que, en verdad, debo dejarlo ir.

Así que, parece leerme el pensamiento. Se inclina un poco más y posa su boca sobre la mía suavemente, haciendo que una chispa me recorra el cuerpo. Sus manos se posan en mi cadera y me atraen hacía su cuerpo, para hacerme saber algo que no necesito. Me comienza a besar con más pasión y es en ese momento cuando comienzo a pelear con la puerta, para que así podamos escapar de todo el mundo. Incluso de nosotros.

—Espera —Logro decir al sepárame para tomar aire.

Abro la puerta y, tan pronto como logro dar dos pasos, escucho la puerta cerrarse fuertemente a mis espaldas. Sus manos vuelven a posarse en mis caderas y, mientras intenta recuperar el aliento, dice: —No has ido.

—No —Digo, negando con la cabeza, mientras volteo para que quedemos frente a frente—. No me sentía bien y eso no era bueno para ninguno de ustedes.

Acaricia mi mejilla— ¿Quieres hablar?

—No —Lo miro intensamente, intentando no perderme fácilmente en sus ojos, pero no hay caso. Me apego a su cuerpo, apoyándome en las puntas de mis pies, y estudio su rostro—. Solo quiero que me beses…Detengas el tiempo…Y me dediques algunos de tus repertorio al oído en el momento que ambos lleguemos a la cúspide…

Mis palabras se desvanecen en su boca y mis manos se aferran con fuerza a su espalda, haciéndome recordad que todavía no estoy en el cielo. Sin embargo, mientras más siento la pasión consumiéndonos, me doy cuenta de que no es necesario morir para alcanzar el objetivo.

Luke es tan intenso que puede lograr que despegues los pies de la Tierra, solo para hacerte volar a un lugar mejor, con solo besarte. Lástima que tenga tanto control sobre mí; solo con una mirada puede mandarme al paraíso y hacerme descender a los infiernos, al mismo tiempo.

Lo siento entrar en mí fuertemente y me siento desfallecer. Mis manos recorren cada centímetro de su amplia espalda y mis uñas se entierran en ella, cada vez que siento el final hacer amago de acercarse. Una de sus manos despeja mi rostro de algunos mechones de cabello y luego acaricia mi mejilla mientras la otra me apega mejor a su cuerpo, el cual lo recibe ansioso.

Cierro los ojos mientras lo beso desesperadamente, intentando contener las lágrimas. No sé qué me sucede. Solo siento esta angustia en mi interior, subiendo desde la boca de mi estómago hasta llagar a mi garganta. De repente, quiero llorar, pero no hago más que aferrarme a él.

—Mira…Mírame —Pide con voz entrecortada—. Cariño, mírame, por favor.

Hago lo que me pide, sintiéndome perdida. La batalla comienza en mí cuando me enfoco en sus ojos azul-cielo casi llegando al negro o en su mandíbula apretada. Nos miramos, haciendo nuestro últimos esfuerzo, y no puedo hacer más que sentirme en mi hogar. Entonces, lo siento llegar, rasgando en lo profundo de mi ser mientras grito su nombre y él el mío.

Es explosivo.

Es peligroso.

Es lo que necesito.

domingo, 13 de abril de 2014

Jugando con fuego

Antes


Me despierto, sintiendo sus dedos recorrer la piel bajo mi blusa, mientras un escalofrío me recorre de pies a cabeza.

Los chicos están gritando en la parte delantera normalmente, como si todo mundo está levantado a las tres de la madrugada, pero apenas los escucho. Estoy perdida en una neblina que ha creado su tacto, no puedo pensar coherentemente. Solo quiero alzar mi rostro y besarlo, pero eso me haría querer besar otros lugares y no estamos solos.

No estamos solos. No estamos solos. No…

Jadeo silenciosamente, queriéndome retorcer cuando siento sus dedos tocar el borde del elástico de mi sujetador. Está jugando sucio. Lo sé por su boca sonriente contra mi cabeza, sin embargo, lo dejo seguir. Porque voy a tomar revancha y él deseará nunca haber jugado.

Su mano sube un poco más y uno de sus dedos está casi a punto de llegar a mi pezón, pero en ese momento me retuerzo saliéndome de su agarre. Sus dedos se aferran a mi cintura y su pecho vibra cuando comienza a contener una carcajada. Entonces, rio. Nos reímos fuertemente, llamando la atención de los demás, quienes voltean y murmuran: —Oh, no. Ya empezaron con sus juegos.

Luke les muestra su dedo corazón y vuelve su atención hacía mí. Acaricia mi cabello repetidas veces conduciéndome al sueño, otra vez, pero antes de quedarme dormida levanto la cabeza y miro su rostro. Mis parpados pesan y estoy a punto de bostezar, pero todo queda a medio camino, porque no puedo evitar inquietarme al ver la preocupación marcada en su rostro.

— ¿Sucede algo? —Murmuro, acariciando su mejilla, y me sorprendo al encontrar una pequeña y poco notable barba sobre mi palma.

— ¿Tiene que suceder algo?

Hago una mueca mientras me acomodo mejor en mi asiento, sintiéndome como si no me he movido en años. El sueño se ha ido y solo puedo pensar en el modo de sonsacarle la verdad. Si hago mi mejor esfuerzo, él me la dirá. Siempre lo hace.

— No sé, dímelo tú, chico grande —Él levanta las cejas, provocando que me carcajee, y vuelvo a posar mi mano en la parte baja de una de sus mejillas—. Esto no estaba la última vez que te vi.

Luke muerde su labio inferior, conteniendo una risa. El piercing desde hace mucho tiempo que no está, sin embargo, cuando él realiza aquel gento sigue siendo increíblemente sexy.

Acaricia mi mano y luego se inclina hasta encontrar mi boca. Me besa lenta y profundamente, haciendo suspirar, hasta dejarme sin aliento. Eso no lo detiene, sigue adelante como si temiera que me vaya a alejar en cualquier momento. La preocupación me golpea, porque evidentemente sí está sucediendo algo y parece no estar dispuesto a decirme qué.

Él no me basa así desde que apenas puedo recordar. La única vez que lo hizo fue cuando estuvimos juntos por primera vez y fue como tocar el cielo con las manos, pero acabó tan rápido y luego la pasión nos ganó. Siempre es duro, un poco cariñoso, pero duro y rápido. Es como si temiera a hacerlo lento, porque las cosas entre nosotros se podrían poner raras. No sé, me podría enamorar de él o él de mí y eso implicaría destruir lo que tenemos.

Ninguno de los dos queremos eso. Estuvo claro desde el principio.

Así que, usando toda mi fuerza de voluntad, me aparto de él y sus manos—Tengo que usar el baño —Digo y me tropiezo con uno de sus pies en mi escape—. Lo siento.

No dice nada ni si quiera me mira y eso solo provoca que quiera escapar. No sé qué está sucediendo con él y no sé qué está sucediendo conmigo, pero lo que sea me asusta mucho.


***


Luke sostiene mi mano mientras nos dirigimos hacia la salida, pero me suelto de su agarre en cuanto veo a las fans y a los paparazi acercarse al cristal. Él voltea a mirarme, esperando que me le una, pero estoy demasiado concentrada fingiendo mirar la pantalla de mi celular.

 No hemos cruzado palabra desde nuestro beso y no espero a hacerlo ahora, eso solo complicaría nuestra salida del aeropuerto. Además, creo que todos estamos lo suficientemente cansados para querer marcharnos de aquí.

Aún no ha amanecido, pero pronto lo hará. Me pregunto cómo esas niñas han permanecido despiertas toda la noche y no parecen en absoluto cansadas. Observo la pantalla de mi celular una vez más hasta que siento la mano de alguien apoyarse en mi espalda.

Subiendo la mirada me encuentro con el rostro de Calum y, aunque no puedo ver sus ojos, puedo ver su gran sonrisa de siempre. Y sonrío, también. Me entrega unos Ray-bans, para que proteja mis ojos de los flashes, y toma mi mano fuertemente mientras comienza a caminar hacia la salida.

No sé cómo sentirme al respecto, porque siempre salgo detrás con su estilista. Madison. Volteo y la veo unos metros más atrás con Michael, Ashton y, su novio y personal trainer de los chicos, Jake. Me hace una mueca que no logro comprender y cuando gesticulo “¿qué?” Calum tira de mi brazo.

Los gritos de las chicas se intensifican y recuerdo que olvidé ponerme mis tapones, por lo que igualo el paso de mi amigo y el de Luke. Bajo la mirada como siempre, tratando de evitar contacto visual con todo el mundo, porque ya lo hice una vez y fue abrumador. Aún con los lentes.

La gente tiende a odiarte si cree que le estás robando algo y más aún si ese algo es su supuesto “amor de la vida”. No estoy robando nada de nadie, pero es algo nunca entenderán. No soy la novia de Luke. Ni soy la puta de los chicos. Solo mantengo una relación que muchas desean, pero cuando alguien logra tenerla no la comprenden.

Lo conozco, sé quién ha sido exactamente estos últimos años. Sé que no he sido la única ni la primera y tampoco la última. Sé que ha recurrido a mí cuando las cosas se pusieron mal. Sé que he sido su primera opción siempre, sin importar qué.

Siempre he sido yo.

Sin embargo, no estamos juntos. No somos mejores amigos de toda la vida. No me ama ni lo amo. No tenemos un punto específico donde empezar ni uno donde terminar. No tenemos un convenio para quedar bien ante el mundo. Somos lo que somos.

Aunque, no les guste a las fans. Aunque, no le guste a Liz o al idiota de mi padre. Ambos estamos corriendo en un círculo vicioso y no hay una fórmula para que nos detengamos, a menos que nos encontremos con un bache y nos precipitemos contra el piso. Esa es la única forma en que esto podrá terminar.

Al menos, para mí.


***


El agua caliente golpea justo entre mis omóplatos, provocando que parte de la tensión que he estado acumulando desde la madrugada se disperse y ya no me sienta como en otra de las cenas a las que solía asistir cuando vivía con Jeremy.

Descanso la frente sobre la pared y me hundo en mis pensamientos. Pienso en lo raras que han sido las últimas horas, en el modo en que ha estado actuando Luke, en la continua evasión por parte de los demás y en las infinitas veces que Calum ha intentado decirme algo. No obstante, cada vez que lo hace, las palabras muren antes de que siquiera pueda tener una idea de lo que me quiere decir. Cada vez que lo hace, algo me obliga a alejarme de él.

Dejo escapar un suspiro y cierro la canilla. Alguien llama a la puerta de mi suite y, resistiendo la tentación de abrir desnuda, me envuelvo en la bata. Porque puede que, con la actitud de Luke, no sea él, pero si lo es sé que no la tendré por mucho tiempo.

—Pensé que estaban en una prueba de sonidos —Digo, abriendo la puerta, para encontrarme con el rostro preocupado de Calum.

Él me mira por lo que me parecen siglos y, cuando enarco una de mis cejas, parece volver a la misma sintonía que mía—Dile a Luke que en media hora nos vamos, ¿sí?

Niego con la cabeza, confundida—Él no está aquí, Cal.

— ¿No?

Me hago a un lado, para que lo pueda comprobar, y dándole un rápido vistazo a la suite comienza a teclear en su celular. Diría que se ha olvidado que estoy a solo unos metros, pero cuando levanta la mirada me sonríe y guarda el aparato en uno de sus bolsillos traseros. Como si nada estuviera sucediendo.

No soy estúpida. Reconozco su falsedad al sonreír de esa manera, por lo que me cruzo de brazos y espero por una explicación que no llega.

Se encamina a la puerta—Ya lo encontré, estaba tomando una siesta, no sé por qué no comprobé su suite antes —Dice y levanta la mano haciendo un gesto con desdén. Se da la vuelta para despedirse, pero cuando lo hace se choca conmigo—. Guau.

Sus ojos se agrandan y da un paso atrás como si tiene miedo de tocarme, pero no le presto atención— ¿Qué está sucediendo?

—Nada.

Camino por la habitación, buscando una de mis maletas, para comenzar a vestirme. No quiero hacer lo que estoy planeando, pero no me está dejando otra opción. Levanto una braga de encaje negro, sobreactuando al observarla y digo: —Bien, nada está pasando.

—Nop, solo no comprobé su habitación, porque creí que estaría contigo —Se encoge de hombros mientras se apoya en el umbral—. Siempre está contigo.

Lo ignoro y comienzo a subir la braga por una de mis piernas. Levanto la mirada y compruebo que está tragando saliva mientras termino de subirla por la otra. Justo como lo supuse, se está comenzando a inquietar. Levanto un sostén a juego y sonrío con autosuficiencia.

Soy una bruja y, probablemente por esa razón nunca encontraré a nadie que me ame lo suficiente como para aguantar mis locuras, pero no me interesa en absoluto. Lo que hago, lo hago por mis “amigos”. Sí, porque me importan lo suficiente para que comience a preocuparme y a hacer cosas de las que me arrepentiré. Solo por ellos.

Miro a Calum una vez más, quien no sabe sobre que pie pararse, y digo— ¿Cerrarías la puerta? —Abre sus ojos más que antes y casi puedo jurar que en cualquier momento comenzará a hiperventilar—No quiero cambiarme delante de medio mundo —Agrego.

Él carraspea mientras pasa una de sus manos por su cabello, despeinándolo, y asiente. Me volteo y desato la bata, pero antes de poder seguir, lo escucho llamarme— ¿Sí? —Digo, mirándolo por encima del hombro.

—Vas a tener que quedarte con la verdad que te dije, porque te aseguro que estoy cien por ciento controlado —Dice, sonriendo. Esta vez, de verdad.

— ¿Seguro?

—Muy seguro —Me mira de pies a cabeza—. No te quedes aquí todo el día encerrada y aprovecha que es verano. Nos vemos luego.

Luego me encuentro mirando la puerta cerrada, por la que acaba de salir, sintiéndome feliz. No por no haber conseguido la verdad, pero sí por verlo mantener el control.

Dejo todo para después y, sin pensármelo dos veces, me tiro a la gran cama. Porque necesito no pensar, no recordar ni nada en absoluto. Necesito encontrar el botón de apagado. 

miércoles, 2 de abril de 2014

Bienvenida al "As We Stand Here Tour"

Antes

Me balanceo de un lado a otro mientras cierro los ojos, disfrutando de los pequeños espasmos que sufro cuando los escucho cantar. Sin embargo, mi piel es de gallina y mis rodillas son todas temblar cuando escucho su voz.

La gente, a mí alrededor, canta a la par. Es que los primeros conciertos siempre son como golpes de adrenalina, los que están sobre el escenario parecen transmitir todas sus energías y exaltaciones a los de abajo, mientras que los últimos son más relajados. Primero, porque estar tanto tiempo sin para haciendo lo mismo—aunque lo ames— es agotador  y, segundo, porque extrañas casa y sabes que pronto vas a volver. Aunque eso significar dejar la que te ha estado acogiendo todos esos meses.

Siempre es igual.

La canción termina y eso indica que el final se acerca. El final de la primera noche. Saco mi Iphone, lista para sacar una fotografía, y maldigo estar en primera fila. No puedo obtener una vista de los cuatro juntos. Irremediablemente le saco una a cada uno, dejando para último a Luke.

Me subo en mi asiento, llamando la atención de los más cercanos, y grito: — ¡Hey, Luke!

Sé que no me escuchará, por eso, le lanzo el pequeño pingüino de peluche que siempre llevo en algún bolsillo. Mi proyectil le pega en la cara, provocando que levante la mirada. Su mirada azul-cielo engancha la mía, casi haciéndome olvidar de tomar la fotografía, por un nanosegundo. Le lanzo un beso y aprieto el botón, obteniendo la mejor captura de todas en las que él aparece.

Me bajo con la promesa de publicar un collage de las cuatro tomas y comienzo a mecerme nuevamente. She looks so perfect comienza a sonar. Las chicas comienzan a gritar más fuerte. Las luces bajan la intensidad. Entonces, todo queda en silencio por un momento. Es un simple pestañar o la contención de una exhalación y todo vuelve a cobrar vida; los fuegos artificiales, la música y sus rostros en las pantallas del fondo.

La gente enloquece. Los chicos, también. Mi pecho se hincha de orgullo por ellos y todo lo que han conseguido, porque esto es cien veces más grande que la primera vez que los vi tocar, pero el sentimiento y las sensaciones siguen siendo las mismas.

La canción termina, entonces, los cuatro se reúnen en la mitad del escenario. En el final de la parcela frente a mí. Ashton con sus baquetas al aire. Calum con su bajo. Michael con su guitarra. Y él, Luke, también con su guitarra.

El destello de un recuerdo nubla mi mente y la nostalgia me golpea. Todos están tan grandes, ya no necesitan seguir la escuela por correspondencia o la firma de alguno de sus padres para salir del país. Por Dios, ahora, Liz no acompañará a Luke siquiera.

El tiempo pasó tan rápido estos últimos tres años y, si me pongo a recordar, todo me parece lejano. Incluso, mi frustrante vida perece de otro siglo. Como si no la viví, como si solo he sido una espectadora que sintió lo mismo que Faith.

Sacudo la cabeza, negándome a escavar más, y me uno a la ola de aplausos. Los chicos hacen una reverencia mientras las luces comienzan a apagarse. Busco mi Iphone y tomo una última foto ante de que el último foco deje todo sumido en la negrura. Las chicas a mí alrededor gritan, para que vuelvan, pero ya no lo harán.

Me apresuro hasta llegar a la valla de metal, encontrándome con unos de los nuevos gorilas de seguridad, y saco el pase que he estado guardando entre la ropa. Lo mira por lo que me parecen siglos y luego asiente con la cabeza.  Ruedos los ojos mientras salto la valla, es obvio que es nuevo, con otro no tendría que mostrar nada. Es decir, soy como el agua, todo el mundo me conoce.

Camino, teniendo cuidado de no chocar nada, detrás del escenario. No se puede ver nada, sin embargo, se escuchan voces. Sus voces. Sin pensarlo dos veces, corro hasta llegar al pasillo de donde provienen y me lazo sobre la espalda de Calum, quien está más cerca.

— ¿Cómo estás, perra? —Grito en su oído, provocando que empiece a reírse mientras intenta difícilmente de deshacerse de mí—Oh, ni lo sueñes.

Beso su mejilla y él ríe más junto con los demás—Sé que me extrañaste, Faith, pero creo que alguien más te extraño del mismo modo —Dice, consiguiendo desatar el nudo de mis manos en su cuello.

Me bajo de su espalda y me encamino hacia Mike y Ashton, para saludarlos—Ya querrás que te presente a algunas de mis nuevas “amigas”  —Digo mientras abrazo a mis dos amigos fuertemente—. Aww, ya extrañaba sus cuerpos flácidos.

— ¿Flácidos? —Pregunta Ash, soltándome, en sus ojos veo la picardía pasar— ¿Flácidos? ¿En serio? —Flexiona su brazo, haciendo que se marquen sus bíceps y que me carcajee fuertemente.

—Me gustan los cuerpos flácidos, de todos modos, son más fáciles de abrazar.

Mike se encoge de hombros, apretando el agarre en mi cintura—No me importa ser flácido.

Ashton entrecierra sus ojos y luego sonríe—Claro, siempre que puedas prestarle tu Iphone.

Me carcajeo fuertemente, dejando que Mike se escape de mis brazos, para ir en busca de Ashton. Los veo alejarse, golpeándose y tirándose del cabello, sintiendo una opresión en el pecho. Entonces, volteo y me encuentro con sus ojos azul-cielo.

Mi corazón se acelera y es como si estuviera aprontando para correr la carrera de su vida. No he visto ni a Luke ni ninguno de los chicos desde antes de navidad, así que, estoy sintiéndome rara. Mucho más que la última vez que dormí con él y luego no pude hacerlo con nadie más.

Lo miro de pies a cabeza, deteniéndome en su mano derecha donde sostiene mi pequeño pingüino, y sonrío burlona. Luego, miro sus ojos nuevamente, esperando no tener que ser la primera en dar un paso. No resisto. En realidad, ninguno de los dos los hacemos.

Nuestros cuerpos se acoplan y estoy segura que soy una parte de él, ya que ni siquiera una partícula de aire puede atravesarnos, mientras beso sus labios. O mientras él besa los míos. No estoy muy segura. Mi mente se ha nublado y cualquier pensamiento coherente se ha desvanecido, porque lo único que puedo hacer es repetirme que he extrañado mucho sus labios. Su toque. Su colonia. Su todo.

Lo extrañé a él, todo él.

El mes y medio en América, con mi frustrante vida, me hizo extrañarlo. Increíble ciertamente, porque nos hemos alejado antes y he estado impasible lejos o cerca. Sin ningún sentimiento impertinente que no sea correspondido, sin embargo, aquí estoy sumida en el círculo vicioso que crean sus manos y sus labios juntos. Como si de repente esto es todo lo que he necesitado todo el tiempo para curar mi necesidad a nada. Como si el gran vacío en mi corazón fue llenado.

Lo aparto un momento, intentando ahuyentar el sentimiento, pero su boca no me deja. Baja, dejando pequeños besos en mi mandíbula y también en el punto sensible cerca del lóbulo de mi oreja. Un jadeo se escapa de mi boca y siento que forma una sonrisa.

—Luke, Luke… —Digo suplicante, intentando que se detenga.

Él besa una vez más mi punto y vuelve a subir, para atrapar mi labio inferior. En la bruma que me causan sus caricias, vuelvo a llamarlo y dice— ¿Hmm?

—Debemos detenernos —Me mira a los ojos un instante y vuelvo a besarlo.

Es irresistible. Malditamente irresistible.

— ¿Ahora? —Pregunta sin detenerse.

Asiento, pero es inútil, porque ninguno de los dos parecemos dispuestos a abandonar este círculo. Él me levanta del piso, haciendo que enrede mis piernas en su cintura, y jadea cuando un taco de mis zapatos se entierra en la parte baja. Me rio y él me sigue. Le doy un pequeño besito antes de escuchar un grito.

Mis ojos se cierran instantáneamente mientras la sangre se acopla en mis mejillas y en mi foro interno rezo un rosario completo, rogando a Dios que no sea Liz. Entonces, escucho a Calum carcajearse y solo así puedo recuperar mi respiración normal. O, bueno, más o menos normal.

Luke  me baja, pero no me deja ir y le lanza un gruñido a Calum, quien levanta las manos al aire sin dejar caer a Ketchup—Tranquilo, hermano, que quien casi se traumó fui yo —Dice y vuelve a reír.

Le aviento el pequeño pingüino, haciéndome la ofendida, aunque entiendo su punto— Eres un cerdo, Cal.

— ¡Hey! Les hice un favor, ¿ok? —Comienza a alejarse—Liz está cerca y te anda buscando —Se dirige a Luke—, porque ya nos vamos.

Luke bufa exasperado, pasándose una mano por el rostro, y finalmente asiente. Comenzamos a movernos por el pasillo y luego el backstage, aún estoy abrazada a él y es un poco raro. Si bien nosotros estamos la mayoría del tiempo juntos, casi siempre encerrados en la habitación, procuramos no estarlo con otras personas que no sean los chicos.

Los padres de Luke son buenos o al menos lo son con todo el mundo, excepto conmigo. Andrew es agradable, pero Liz me evita como el agua al aceite y eso hace que él también lo haga. Creo que se debe a que nadie sabe exactamente quién soy y como a veces me veo muy andrajosa y escandalosa, en fin, soy como la plaga en un sembrado o la oscuridad en medio de tanta luz. La verdad, una mala influencia.

Y, sí, lo admito. No soy la mejor persona, porque realmente estoy jodida, pero no soy quien cambió a los chicos. Ellos lo han hecho, porque es como una causa y efecto del paso del tiempo. Deberían entenderlo.

— ¿Qué le has hecho a tu cabello? —Pregunta Luke, tomando un mechón y enrollándolo en su dedo.

— ¿No te gusta? —Lo miro, haciendo un pequeño puchero—Lo volví a teñir de castaño oscuro, porque el rubio me aburrió y pensé que te gustaría.

Él sonríe mientras toma mi mano y me deja pasar primero por la pequeña puerta—No me gusta —Dice en mi oído, haciéndome fruncir el ceño—. Me encanta y me encanta saber que lo cambiaste pensando en mí.

—Siempre hago las cosas pensando en ti —Digo y me maldigo al instante por hablar demás.

Él no dice nada y no sé qué estará pensando, porque no puedo ver su expresión. Me da un poco de pánico voltear el rostro y enfrentarlo, sobros todo, al sentir su cuerpo tenso junto al mío.

Los sentimientos pueden ser algo difíciles para dos personas como nosotros y aún más cuando desde el principio se estableció que solo sería su compañera de carretera. No somos novios ni amigos con beneficios. Solo lo ayudo y él me ayuda a mí. Si él tendría una novia aún seguiría siendo su compañera en todos los viajes. Y no, no soy una prostituta ni “acompañante”.

No recibo un sueldo por hacer esto y solo mantengo relaciones íntimas con Luke. Mi beneficio de esto es el vínculo que tengo con los chicos al estar tanto tiempo con ellos y también los conciertos que puedo ver. Son una fanática que estuvo desde el primer video, el primer Ep, el primer concierto y que ahora los voy a acompañar al As We Stand Here Tour.

Porque los amo.

Luke besa la cima de mi cabeza y me saca de mis pensamientos— ¿Por qué no viniste ayer? —Su voz suena herida, aunque cuando miro su rostro está inmutable.

— ¿Qué te hace pensar que no vine? —Digo, tratando de no sonreír. Su cambio de tema me ha levantado el ánimo.

—No apareciste por aquí —Dice y se encoge de hombros.

—No lo creí oportuno, pero sí vine.

Calum se voltea cuando casi estamos cerca de la puerta de salida—Genial, porque no esperamos verlos desnudos hasta mañana o pasado.

Luke le lanza un puñetazo que no llega a alcanzarlo, porque Calum corre hasta la salida y desaparece. Sus mejillas están coloradas y su respiración un poco agitada, ¿problemas de cólera? Tal vez, un poco, pero solo desde los últimos meses.

— ¡Hey, tranquilo! —Digo tomando su rostro entre mis manos, obligándolo a que me mire—Creo que Calum es un idiota, pero tiene un punto ¿sí? —Él asiente, tranquilizándose—Solo quería evitar a tu mamá y no hacerle pasar un mal rato, nada más.

—Puedo hablar con ella —Susurra.

Niego con la cabeza, haciendo una mueca—Está cuidándote, yo lo haría si fuera madre.

—Pero no eres mala, no me gusta que te juzgue.

Resoplo mientras acaricio sus cejas—No quiero que hagas tonterías con ella por mí, después de todo, aún me deja que los acompañe por el mundo.

Él asiente y toma mis mejillas para besarme castamente una vez más. Una de las puertas se abre y el griterío de afuera nos deja sordos. Nos separamos y miramos a Una Liz con cara de pocos amigos. Su expresión me asusta, pero no me hace dejar mi posición, por lo que me abrazo más a Luke.

—Mamá…

Ella levanta una mano, interrumpiéndolo—Te estamos esperando, Luke, el avión sale en tres horas —Su mirada se dirige hacia mí y como buena persona que soy, asiento a modo de saludo, pero no recibo nada a cambio. Justo como lo pensé—. No seas egoísta y piensa en tus amigos.

No sin antes darme otra mirada, se vuelve a ir. Luke arregla su cabello, haciéndome rodar los ojos por su vanidad, y toma mi mano. Nos acercamos a la puerta y tomo una respiración profunda. Él aprieta mi mano, reconfortándome, y le devuelvo el favor.

— ¿Lista? —Pregunta.

—Siempre —Respondo antes de que la puerta se abra.